martes, 22 de abril de 2014

Diario – 220414

Muere Feliciano Fidalgo, uno de los grandes talentos del periodismo actual. Vivió cuarenta años de intenso trabajo entre Madrid y París.
Feliciano había llegado a la capital francesa en los años cincuenta. Era un chico de Tremor (León) al que su padre se empeñó en dar estudios. Primero Astorga; luego, el bachiller en la Salle de Valladolid. Y por fin Madrid. Iba para ingeniero, pero lo dejó al primer año: su estancia duró un curso.
Pero era periodista antes de serlo: y acertó con el cambio. En estos años siguió una desastrosa carrera militar en la que se convirtió en alférez de artillería. Al final lo degradaron. No sabía mandar. Tardó todavía varios meses en encontrar su verdadera profesión. Se fue a París con la promesa de la revista SP de publicarle sus colaboraciones. Durante este periodo desconfiaba de todo el mundo y no sabía francés. Durmió en la calle.
Pero Feliciano siempre decía que la razón de su marcha a París era conocer a Samuel Beckett, el autor de Esperando a Godot. Cuando llegó, pasó por Éditions du Minuit y después pidió audiencia con el editor. Cuando bajaba por las escaleras con un “no” por respuesta, le gritaron: escriba unas líneas y yo se las haré llegar. Feliciano y Beckett quedaron una semana después en La Closserie des Lilas, el bar favorito de Hemingway.
Se preocupó de trabajar y así se convirtió, en aquel París de los sesenta en el corresponsal de Ya y la Agencia Logos. Y aprendió a burlar a la censura. En la capital francesa se había hecho corresponsal desde las siete de la mañana a las doce de la noche, o sea, todo el día. Cuando Feliciano volvió a Madrid, en 1985, El País era el diario europeo más admirado en Francia y él había llegado siendo un periodista famoso.
La policía no tiene ninguna pista sobre el autor del asesinato del famoso guitarrista Agustín Jiménez
Según fuentes policiales, el suceso ocurrió el domingo por la noche a las 21.45 h en el aparcamiento del edificio donde vivía el fallecido. Agustín Jiménez había pasado la mañana del domingo con su hermana en la sierra de Madrid y no parecía estar preocupado por nada.
Todo sucedió cuando Agustí estaba aparcando su coche y dos hombres se acercaron a él y lo atacaron por la espalda.
Una vecina que estaba paseando al perro, declaró a la policía que los dos hombres habían lanzado fuertes insultos contra Agustín antes de asesinarlo. La policía piensa que estos dos hombres son las mismas personas que dos horas antes habían cometido un atraco en el piso número 12 del edificio en el que vivía el famoso guitarrista.
Un hombre sufre una agresión a manos de su mejor amigo
Un hombre de 50 años, R. A. H., golpeó ayer por la noche a su compañero de trabajo, E. S. R., en la calle Lugo, según informaron a este periódico fuentes del Servicio de Asistencia Municipal Urgente (SAMUR). Los hechos ocurrieron sobre las 21.20 h enfrene del hotel Casablanca. Unas horas antes, los dos amigos habían celebrado en un bar de esa misma calle el aumento de sueldo del agredido. Después de beber unas cervezas, los dos hombres salieron del bar entre risas y bromas y, sorprendentemente, R. A. H. agredió a su compañero en la cabeza con una lata de cerveza. Cuando una ambulancia acudió al lugar encontró a la víctima en la  calle sobre un banco. Su estado era muy grave, por lo que rápidamente los miembros del SAMUR lo trasladaron al hospital. El último parte médico de esta mañana ha revelado que el herido está mejor y que pronto volverá a casa.
Llegué temprano a la joyería y no había nadie. Llamé al timbre varias veces, miré los dos escaparates y no vi ninguna luz encendida. Mi amigo Pepe me había llamado la noche anterior para decirme que estaba preocupado y que quería contarme algunas cosas. Como  no contestaba nadie, entonces decidí ir al  bar de enfrente para tomar un café caliente con unas tostadas. En el bar hacía mucho frío y solamente había cinco personas. Mientras estaba mirando el periódico, observé que una mujer llamaba a la puerta de la joyería de Pepe Cominos. Esta mujer llevaba una falda larga y una chaqueta a juego con la falda de color verde. La mujer llamó al timbre y u hombre abrió la puerta. En ese momento pensé que esa mujer era una amiga o una persona conocida por Pepe, y que Pepe le había abierto la puerta. La luz seguía apagada y la puerta continuaba cerrada. Todo esto me empezó a resultar extraño y decidí pagar la cuenta y dirigirme a la joyería. Antes de salir del bar llamé por teléfono a la comisaría para informarme sobre otros asuntos que tenía pendientes. Cuando salí a calle, vi que un hombre y la misma mujer que yo había visto antes entraban en un taxi. No pude reconocer al hombre porque estaba lloviendo y tenía sucias las gafas. Por los pelos no pude ver sus caras.
Vitoria, 22 de abril de 2014
Querida Rebeca:
        Acabamos de recibir tu carta y queremos contestarte ahora mismo. Te escribimos para decirte que nuestro fin de semana en Granada está siendo estupendo. Llevamos dos noches sin dormir y ahora mismo estamos en una cafetería con nuestro amigo Benjamín. Estamos tomando un café con leche y unas tartas con nata.
        Te echamos de menos, pensamos en ti y te esperamos en esta ciudad entrañable.

        Un abrazo

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