Muere Feliciano Fidalgo, uno de los grandes
talentos del periodismo actual. Vivió cuarenta años de intenso trabajo entre
Madrid y París.
Feliciano había
llegado a la capital francesa en los años
cincuenta. Era un chico de Tremor (León) al que
su padre se empeñó en dar estudios. Primero Astorga; luego, el bachiller en la
Salle de Valladolid. Y por fin Madrid. Iba para ingeniero, pero lo dejó al
primer año: su estancia duró un curso.
Pero era
periodista antes de serlo: y acertó con el
cambio. En estos años siguió una desastrosa carrera
militar en la que se convirtió en alférez de artillería.
Al final lo degradaron. No sabía mandar. Tardó
todavía varios meses en encontrar su verdadera profesión.
Se fue a París con la promesa de la revista SP
de publicarle sus colaboraciones. Durante este periodo desconfiaba de todo el
mundo y no sabía francés. Durmió en la calle.
Pero Feliciano
siempre decía que la razón de su marcha a París era conocer a Samuel Beckett,
el autor de Esperando a Godot. Cuando
llegó, pasó por Éditions du Minuit y después pidió
audiencia con el editor. Cuando bajaba por las escaleras con un “no” por respuesta, le
gritaron: escriba unas líneas y yo se las haré llegar. Feliciano y Beckett
quedaron una semana después en La Closserie des
Lilas, el bar favorito de Hemingway.
Se preocupó de trabajar y así se convirtió, en aquel
París de los sesenta en el corresponsal de Ya
y la Agencia Logos. Y aprendió a burlar a la
censura. En la capital francesa se había hecho
corresponsal desde las siete de la mañana a las doce de
la noche, o sea, todo el día. Cuando Feliciano volvió
a Madrid, en 1985, El País era el diario europeo más admirado en Francia y él había llegado siendo un periodista famoso.
La policía no
tiene ninguna pista sobre el autor del asesinato del famoso guitarrista Agustín
Jiménez
Según fuentes
policiales, el suceso ocurrió el domingo por la
noche a las 21.45 h en el aparcamiento del edificio donde vivía el fallecido. Agustín Jiménez había pasado la mañana del domingo con su hermana en
la sierra de Madrid y no parecía estar preocupado por nada.
Todo sucedió cuando Agustí estaba
aparcando su coche y dos hombres se acercaron a
él y lo atacaron por la espalda.
Una vecina que estaba paseando al perro, declaró
a la policía que los dos hombres habían lanzado fuertes
insultos contra Agustín antes de asesinarlo. La policía piensa que estos dos
hombres son las mismas personas que dos horas antes habían
cometido un atraco en el piso número 12 del edificio en el que vivía el famoso guitarrista.
Un hombre sufre
una agresión a manos de su mejor amigo
Un hombre de 50
años, R. A. H., golpeó ayer por la noche a su
compañero de trabajo, E. S. R., en la calle Lugo, según informaron a este periódico fuentes del Servicio de Asistencia
Municipal Urgente (SAMUR). Los hechos ocurrieron
sobre las 21.20 h enfrene del hotel Casablanca. Unas horas antes, los dos
amigos habían celebrado en un bar de esa misma
calle el aumento de sueldo del agredido. Después de beber unas cervezas, los
dos hombres salieron del bar entre risas y
bromas y, sorprendentemente, R. A. H. agredió a
su compañero en la cabeza con una lata de cerveza. Cuando una ambulancia acudió al lugar encontró
a la víctima en la calle sobre un banco.
Su estado era muy grave, por lo que rápidamente
los miembros del SAMUR lo trasladaron al
hospital. El último parte médico de esta mañana ha
revelado que el herido está mejor y que pronto volverá a casa.
Llegué temprano a
la joyería y no había nadie. Llamé al timbre varias veces, miré los dos escaparates y no vi ninguna luz encendida. Mi amigo
Pepe me había llamado la noche anterior para decirme que estaba preocupado y que quería
contarme algunas cosas. Como no contestaba
nadie, entonces decidí ir al bar de
enfrente para tomar un café caliente con unas tostadas. En el bar hacía mucho frío y solamente había
cinco personas. Mientras estaba mirando el
periódico, observé que una mujer llamaba a la
puerta de la joyería de Pepe Cominos. Esta mujer llevaba una falda larga y una chaqueta a juego con la falda de
color verde. La mujer llamó al timbre y u hombre abrió la puerta. En ese momento
pensé que esa mujer era una amiga o una persona
conocida por Pepe, y que Pepe le había abierto la puerta. La luz seguía apagada y la
puerta continuaba cerrada. Todo esto me empezó a
resultar extraño y decidí pagar la cuenta y dirigirme
a la joyería. Antes de salir del bar llamé por teléfono a la comisaría para
informarme sobre otros asuntos que tenía pendientes.
Cuando salí a calle, vi que un hombre y la misma mujer que yo había visto antes
entraban en un taxi. No pude reconocer al hombre porque estaba lloviendo y tenía sucias las
gafas. Por los pelos no pude ver sus caras.
Vitoria, 22 de
abril de 2014
Querida Rebeca:
Acabamos de recibir tu carta y queremos
contestarte ahora mismo. Te escribimos para decirte que nuestro fin de semana
en Granada está siendo estupendo. Llevamos dos noches sin dormir y ahora mismo
estamos en una cafetería con nuestro amigo Benjamín. Estamos tomando un café
con leche y unas tartas con nata.
Te echamos de menos, pensamos en ti y
te esperamos en esta ciudad entrañable.
Un abrazo
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