jueves, 21 de agosto de 2014

Ejercicios

Yo me instalé en una casa cercana a la glorieta de Colón, donde estaba la Academia. Una señora, que parecía viuda, alojaba en su hermoso piso a seis muchachas estudiantes de distintas edades. Era un pequeño internado que tenía unas normas claras y unos horarios fijos para las comidas y el regreso por la noche.
Mis compañeras venían todas de fuera, de ciudades o pueblos más o menos lejanos. La confianza de sus padres en doña Luisa era total y ella ejercía como cabeza de familia. Todas las noches solíamos cenar temprano y, después, siempre había un rato de charla y diversión en el salón, con la presencia constante de nuestra tutora, que entraba y salía con cualquier pretexto. Nosotros reíamos, nos contábamos historias, comentábamos cosas sobre los profesores y los compañeros, nos prestábamos libros, trajes, revistas. Los domingos salíamos al cine o a pasear, pero siempre volvíamos pronto. Pero una vez llegó la noche y una de las chicas no apareció.
Doña Luisa estaba nerviosísima y nos preguntó: "¿Vosotras habéis visto a Carlota en algún lugar?, ¿alguien sabe con quién  ha salido esta tarde?". A mí me asustó comprobar que nadie conocía a Carlota. A las once de la noche doña Luisa llamó a la policía. A las tres de la mañana la policía informó a doña Luisa de que Carlota se encontraba en un hospital. Según algunos testigos, Carlota había sufrido un desmayo porque un coche la había atropellado. No fue nada importante. Doña respiró aliviada y exclamó: "Gracias a Dios, no ha sido nada".

Ernesto iba tan tranquilo por la calle y, de repente, oyó que lo llamaban desde un coche.
Cuando llegamos a Segovia, buscamos una oficina de información.
Como gritaban en el piso de al lado, fui a ver lo que ocurría.
Tenía mucho sueño, así que me fui a la cama.
Al salir de casa, cayó/caía una gran nevada.
No denunció el robo en la comisaría porque estaba muy asustada.
Como no tenía un cinturón marrón, me compré uno.
Esta mañana, cuando amanecía la policía ha atrapado a dos hombres que intentaban robar un coche.
Cuando estudiaba en Madrid nunca visité el Congreso de los Diputados.
Juan y Pedro subían en el ascenso y, entonces, se averió.
No teníamos ninguna bebida, por eso pasamos mucha sed.
Este verano, como los vuelos a Cancún eran muy baratos, decidí tomarme dos semanas de vacaciones.
Juana iba distraída y atravesó la carretera con el semáforo en rojo.

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